Los avances tecnológicos no siempre traen soluciones y simpleza.
Los vehículos (autos) modernos ayudan a estacionar, ahorran
combustible en los semáforos y avisan cuando uno se desvía de su carril. Pero,
¿son todas ventajas? A veces la tecnología también puede poner nerviosas a las
personas. Los modelos modernos están cada vez más equipados con sistemas de
asistencia que hacen más cómoda la vida al conductor, mejoran la seguridad y
ayudan a reducir el consumo de combustible. Pero a veces esos sistemas no están
del todo afinados o no gustan a los conductores más clásicos o más veteranos.
En internet y en algunos medios se escuchan cada vez más las voces que reclaman
un regreso a la tecnología tradicional.
Por ejemplo, la revista alemana
Auto-Bild emprendió hace poco una petición online a favor del viejo freno de
mano. Al ir marcha atrás en carreteras empinadas o en estacionamientos
estrechos, el freno electrónico de aparcamiento no permite afinar tanto como el
sistema mecánico. Además, las reparaciones son más caras. La petición ya ha
acumulado 5.000 apoyos.
El asistente de dirección también
genera molestias. La revista Auto motor und sport ha constatado errores o
imprecisiones incluso en modelos de marcas premium: un sistema avisa demasiado
pronto; otro, demasiado tarde; otro asume el mando del volante de forma ruda.
Si se reconoce que los asistentes
de estacionamiento son una gran ayuda para los conductores novatos, aún
temerosos a maniobras complicadas.
Los expertos no pueden imaginar
un regreso al viejo freno de mano porque, por ejemplo, en invierno genera
averías. Además, los modernos frenos electrónicos con los motores eléctricos
ofrecen ventajas en cuanto a seguridad. En caso de emergencia, el freno de
estacionamiento se puede usar como freno de emergencia a altas velocidades y
puede incluso ser activado por el copiloto si el conductor se ha desmayado, por
ejemplo.
Ya no se consideran aceptables
los sistemas crípticos, como es el caso del asistente de mantenimiento de
dirección, que requiere hasta 19 clics en la computadora de a bordo para
reducir la intensidad de la vibración y los que además requieren un alto
precio. “Los fabricantes están obligados a tener en cuenta al usuario”,
reclaman los especialistas.
El ejemplo también vale para el
sistema automático “start and stop”, que según un test de la revista Auto-Bild
sirve para ahorrar en muchos vehículos con cambio manual apenas menos de un
litro a los 100 kilómetros, por lo que su costo no se amortiza.
Además, a los vehículos con ese
sistema les cuesta un segundo más que a los convencionales ponerse en marcha
cuando el semáforo cambia a verde, lo que puede llegar a ser un inconveniente
si se tiene prisa.
Ni el tiempo ni el costo importan
a los conductores novatos, que apuestan más por los vehículos con sistemas de
asistencia, sobre todo los que ayudan a las complicadas maniobras de aparcamiento.

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